Educación en el Siglo XXI – Paradigmas en revolución

En publicaciones anteriores hemos señalado los cambios de paradigmas que rigen el mundo actual: la inmediatez con la que se suceden los acontecimientos, se produce, almacena y recupera la información, las nuevas condiciones  sociales, políticas y económicas, los nuevos requerimientos de saberes significativos y destrezas, la flexibilidad, la formación polivalente, y el valor intrínseco de la alfabetización tecnológica e informacional.

Todo esto aparece enmarcado en un clima regido por la inmediatez en el acceso a la información y a la búsqueda de resultados favorables para la resolución de conflictos. Los tiempos cronológicos no están a la altura de las expectativas de resolución. Las personas, presionadas para producir más y mejor en plazos menores, buscan alternativas flexibles y adaptables a sus ritmos y necesidades.

Así es como la educación a distancia se esgrime como una alternativa plausible, una solución al problema de la simultaneidad de actividades: se puede estudiar desde el propio espacio, ya sea la casa o el trabajo, no implica postergar actividades laborales, garantiza la actualización permanente, beneficia la comunicación bidireccional – implica la presencia de tutores u orientadores – y multidireccional – con compañeros – , sin que ello signifique compartir el espacio geográfico con los mismos, ofrece flexibilidad horaria, fomenta la autonomía y el desarrollo de la gestión del propio conocimiento, se adapta a ritmos y estilos de aprendizaje, favorece el trabajo colaborativo a través del uso de blogs, foros, aldeas globales, etc., favorece el desarrollo de la alfabetización informacional, ahorra tiempo, permite el fácil acceso a centros de formación internacionales.

Los tiempos actuales han producido cambios cualitativos en el campo de la comunicación humana, las situaciones empresariales y el mundo económico y laboral como consecuencia del impacto dela Sociedaddel conocimiento y de la aparición de las nuevas tecnologías (Morer 2002). Existe una nueva impronta marcada por el corrimiento del ‘saber’ al ‘saber hacer’ y por la aparición de habilidades indispensables para la supervivencia en el mundo actual, ya sea en el plano personal, social, laboral, político o económico. Somos los protagonistas de tiempos donde la calificación constante, la formación continua, la flexibilidad y capacidad de adaptación a nuevos escenarios, la habilidad para negociar y trabajar en equipo de manera colaborativa, se esgrimen como saberes socialmente significativos, sin la existencia de los cuales, el actuar de hombre quedaría signado a una performance anacrónica, deficiente, impertinente y desvalida de todo grado de utilidad.

En este marco, los profesionales de la educación, no pueden más que  ajustarse a los requerimientos actuales si se pretende hacer de la intervención pedagógica un acto resignificante y fundante en la vida de las personas. Apropiarse de los nuevos dispositivos en boga – aseguran la perdurabilidad del pasaje del educador por esta arena. Muchos son los autores que señalan el destinatario de todo servicio o producto como el punto de partida para la elaboración de propuestas relevantes. Si tomamos las audiencias actuales, los imperativos de la vida moderna, la suma de responsabilidades de la vida cotidiana, encontramos en la educación y formación a distancia un artefacto, una propuesta tecnológica potencialmente transformadora.

Desde sus comienzos, la educación a distancia ha tenido que pelear por un lugar de reconocimiento y legitimación en un escenario no dado a los cambios, a las innovaciones y las transformaciones sustanciales. La educación presencial, localizada o de claustro no abandona los planteamientos maniqueístas, las propuesta binaria, donde el pensamiento reinante es aquel polarizado, excluyente y claramente paranoide.

Sin embargo, mucho tiempo ha transcurrido ya desde que la educación a distancia ha logrado esgrimirse como uno de los personajes principales – si no el estelar – en la telenovela de la educación formal  de los pueblos. Sin deberle más explicaciones a nadie más que a sus propios consumidores, propone un trabajo integral, integrador y sistémico donde ambas modalidades – presencial y distancia – puedan sumar sus aportaciones en pro de la creación de propuestas que satisfagan las necesidades actuales de las personas.

Habida cuenta de que las TICs han llegado para quedarse, de que han permitido una concepción de la educación más moderna y actualizada y de que la dupla formador-formado, docente-alumno, tutor-cursante es indisoluble y atraviesa todos los paradigmas, de nada sirve resistirse a la imparable llegada de nuevos códigos de comunicación y relación que, por otro lado, ya están vigentes en la sociedad actual desde hace algún tiempo.

Por todo ello es que, desde un posicionamiento complementario entre las posibilidades de creatividad, interactividad y alcance dela EaDpor un lado, y los beneficios de la metodología de trabajo utilizada en la educación presencial y el reconocimiento de sus valuartes por el otro, es que me considero capaz de elaborar una propuesta que, sobrepasando las limitaciones del pensamiento dicotómico, haga llegar a todas las personas de todos los lugares la posibilidad de formación en todos los saberes (que se correspondan a la disciplina que abarca el proyecto)  en concordancia con sus posibilidades actuales reales.

Conjuntamente con la TICs, Internet hace sentir su presencia como recurso pedagógico cálido, legítimo, fiable y con alto nivel de accesibilidad. Anderson (2007) desarrolla los atributos que han hecho de la web 2.0 la protagonista de la vida personal, laboral, social, económica, política y financiera de los pueblos. El componente social fundante de esta web, su potencialidad para la interactividad, la participación y la colaboración han hecho de este recurso un aliado inseparable de la vida cotidiana de las personas. La contribución es innegable, el impacto, arrollador.

Una de las consecuencias más notorias es el corrimiento del eje de la palabra autorizada. Las antiguas audiencias tienen, hoy en día, la posibilidad de producir materiales para programas, sitios web, etc. Llevado por el deseo de tener reputación, cobrar notoriedad y producir bienes económicos, cualquier usuario se esgrime como productor de conocimiento.

La alta valoración de esta posibilidad reside en la capitalización del conocimiento de las masas. Esto es, el aprovechamiento de la inteligencia colectiva al servicio de todos, en todo momento y en todo lugar. Tal como señalara Surouwiecki, ‘…la web estructuralmente es apta para la sabiduria de las masas’[1]. Gracias a su alto poder de convocatoria, este atributo ha logrado instalarse con gran rapidez en la vida diara. Ejemplo de esto es Factbook, Youtube, Slideshare, etc.

Tal como si fuera efecto dominó, la capitalización del conocimiento ha provocado una escalada épica de datos impensada en tiempos previos a la aparición de la web 2.0. A través de la arquitectura de la participación, los usuarios producen y comparten datos generados de manera colaborativa cuyo crecimiento de presenta en forma exponencial.

Esto ha hecho que las personas, cada vez más, adhieran a este sistema que promete altos niveles de accesibilidad a una masa inconmensurable de datos al alcance de todos, en todo momento y todo lugar. Así, quienes aún dubitativos se mantienen al margen de tal tendencia, quedan fuera del sistema y se convierten, automáticamente, en víctimas del efecto de redes[2].

Todos estos efectos, junto que otros que no desarrollaremos en el presente trabajo como la Ley de Metcalfe, el efecto de la Cola Larga, etc. denotan el sinnúmero de beneficios que esta propuesta pone al alcance de la mano del usuario.

Las posibilidades de alcance de la web 2.0 la convierten en un recurso sin competencia. La brillantez de sus bondades, no han logrado opacar el fantasma de la legitimidad de los saberes. Sin una palabra autorizada validada por el rigor del pensamiento científico, se reduce el llamado anillo de confianza de la información a puntos casi imperceptibles. Estamos sin duda en tiempos donde el experto es desplazado por el amateur en una estampida imparable. Usuarios subiendo información a los blogs y sitios de programas de noticias nacionales, jueces juzgando habilidades para las cuales ellos mismos no se han formado, opinólogos en espacio de toma de decisiones y puntos estratégicos de formación de opinión… todo ello contribuye a una anarquía de poder legítimo, a un espacio del vale-todo en el cual, quien esté necesitando cobrar notoriedad puede lograrlo de una manera fácil, simple, sin demasiado esfuerzo y, a las claras, con muy poca responsabilidad.

María Teresa Gambino


[1] Surowiecki en Anderson, Paul: Entienda la Web 2.0 y sus pincipales servicios, Eduteka, 2007.

[2] Se define al efecto de redes como al incremento en el valor para los usuarios actuales de un determinado servicio que ofrece alguna forma de interacción con otros en el momento en que más y más personas comienzan a utilizarlo.

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